Resumen
El cortijo-aldea del Raposo, en la cara sur de la sierra de Baza, a comienzos del siglo XX formaba parte de un latifundio agroganadero que pertenecía a la familia Carrasco Reyes. En junio de 1951 llegaron hasta él un grupo de trece maquis comandados por Pablo el de Motril. Su estancia continuada no se alargó más allá de seis meses, pero las interrelaciones que se dieron, las consecuencias para la población del lugar, y la reacción del régimen franquista ante su presencia constituye un auténtico paradigma sobre la actuación del aparato represivo y la dura vida del campesinado en la España de los años 1950.

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